CÓMO HABITAR TU CUERPO Y SOLTAR LA PRESIÓN INTERNA
EJERCICIOS SIN ESFORZARTE
INTRODUCCIÓN
Hay momentos en los que la presión interna no se puede explicar. No es algo visible. Sin embargo, se siente en el cuerpo, en la respiración y en la forma de pensar.
Además, puedes notar que tu mente está activa, pero tu cuerpo está desconectado. Como si estuvieras funcionando desde fuera, sin sentirte realmente dentro de ti.
Si intentamos resolver todo esto solo pensando, no suele funcionar. Lo que mereces no es más esfuerzo, sino volver a habitar tu cuerpo de forma suave.
CUANDO LA PRESIÓN INTERNA NO ENCUENTRA SALIDA
La presión interna suele aparecer cuando estás sosteniendo más de lo que puedes procesar. Asimismo, puede surgir cuando hay cambios profundos que aún no tienen forma.
No siempre sabes qué está pasando. Sin embargo, algo dentro de ti pide espacio.
Además, si intentas seguir igual que antes, esa presión aumenta. Por consiguiente, el cuerpo empieza a tensarse, la respiración se acorta y la sensación de desconexión crece.
Aquí es donde habitar el cuerpo se vuelve esencial.
POR QUÉ EL CUERPO ES LA PUERTA DE SALIDA
Tu cuerpo no necesita entender lo que ocurre. Sin embargo, sí puede ayudarte a liberar la presión interna.
Además, cuando vuelves al cuerpo, tu sistema nervioso empieza a regularse. Por lo tanto, la sensación de amenaza disminuye.
No se trata de hacer grandes cambios, sino que se trata de pequeños gestos que devuelven presencia.
EJERCICIO 1: VOLVER A LA RESPIRACIÓN SIN CONTROLARLA
Siéntate o túmbate en un lugar cómodo. Cierra los ojos si te resulta más fácil.
Observa tu respiración tal como es. No intentes cambiarla. Asimismo, siente cómo el aire entra y sale.
Si aparecen pensamientos, no los rechaces, simplemente vuelve a la sensación de sentir el aire en tu cuerpo.
Este ejercicio reduce la presión interna de forma gradual.
Cuando te sientas más calmado/a, intenta que al coger aire, tu vientre se llene y a su vez, se desplace hacia afuera y cuando sueltes el aire, éste se desinfle.
EJERCICIO 2: SENTIR EL PESO DE TU CUERPO
Coloca los pies en el suelo o el cuerpo sobre una superficie firme.
Además, dirige tu atención al peso. Siente el contacto con el suelo, la silla o la cama.
No necesitas hacer nada más. Sin embargo, este gesto simple devuelve estabilidad.
Por consiguiente, tu sistema deja de estar en alerta constante.
EJERCICIO 3: LLEVA LA ATENCIÓN A ZONAS TENSAS
Observa si hay partes de tu cuerpo que estén tensas. Puede ser el pecho, el abdomen, la mandíbula, la lengua o los hombros.
Ahora, lleva tu atención ahí sin intentar cambiar nada.
Respira hacia esa zona. Asimismo, permite que esté como está.
En lugar de forzar la relajación, ofreces presencia. Así, la tensión puede empezar a soltarse por sí sola.
EJERCICIO 4: MOVIMIENTO SUAVE Y CONSCIENTE
A veces el cuerpo necesita moverse. Sin embargo, no debemos hacerlo desde la exigencia, sino desde la escucha.
Puedes estirarte lentamente. También puedes balancearte o caminar despacio.
Además, observa cómo se siente cada movimiento.
Como resultado, el cuerpo recupera fluidez y la presión interna encuentra salida. El movimiento es fuente de descarga.
VOLVER AL CUERPO ES VOLVER A SOSTENERTE

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